Ya sabéis que estamos en una búsqueda constante de trabajos que nos inspiren y nos permitan contemplar la peluquería desde perspectivas diferentes. Pues bien, esta semana hemos descubierto a un artista que crea figuras de grandes dimensiones y, al ver las imágenes de su proceso, uno no puede evitar preguntarse: ¿maxicabezas o minipeluqueros? Y es que estas enormes esculturas de silicona alcanzan un nivel de hiperrealismo sorprendente, tanto por sus proporciones como por la precisión con la que están trabajadas.
Y es aquí donde entra, inevitablemente, nuestra mirada como peluqueros. Aunque estamos acostumbrados a ver esculturas de cabezas a gran escala, no es tan habitual encontrarlas llevadas hasta este grado de detalle y, sobre todo, ver cómo el cabello recibe el mismo tratamiento minucioso que el resto de la figura.
En las imágenes vemos cómo se implanta, se corta y se peina, y reconocemos gestos y técnicas que conocemos en profundidad, pero trasladados a una escala que cambia por completo la forma de ejecutarlos. Como profesionales, sabemos hasta qué punto la caída, el volumen, la textura, la construcción de un corte o la dirección de cada mechón influyen en el resultado. Con unas proporciones como estas, también podemos imaginar la dificultad de mantener la precisión necesaria para que el conjunto siga resultando verosímil.
Quizá sea eso lo que más nos ha interesado de este trabajo: observar nuestro oficio llevado a unas dimensiones insólitas y comprobar cómo decisiones que forman parte de nuestro día a día adquieren otra presencia cuando se trasladan a una cabeza de estas dimensiones.
