Hay cortes que vuelven una y otra vez, pero que siempre encuentran la manera de reinventarse. Este otoño, el shag rizado se convierte en uno de los grandes protagonistas, recuperando ese espíritu desenfadado de los años setenta y adaptándolo a una forma mucho más actual de entender el cabello.
La clave está en las capas: más cortas en la coronilla y alrededor del rostro, mientras se mantienen el largo y el peso en la parte posterior. El resultado es una melena con mucho movimiento, volumen y personalidad, en la que los rizos no buscan quedar perfectamente definidos. De hecho, parte de su encanto reside precisamente en esa textura natural, ligeramente imperfecta y con un toque de encrespamiento.
Además, es un corte que se puede adaptar tanto a los cabellos ondulados como a los rizos más abiertos o cerrados, porque lo importante es trabajar las capas teniendo en cuenta cómo se mueve el cabello de forma natural, su densidad y el encogimiento del rizo. Por eso, más que intentar reproducir exactamente un corte, lo que hacemos en el salón es buscar la versión que mejor funcione para cada tipo de cabello.
A la hora de peinarlo, menos es más: productos ligeros que aporten hidratación y definición sin restar movimiento, secado con difusor y libertad para que cada rizo encuentre su lugar. Incluso durante el segundo o tercer día, cuando pierde ese acabado tan perfecto, el shag puede ganar todavía más carácter.
¿Os atrevéis a lucir unos rizos naturales, libres y llenos de personalidad?
