Hace más de cincuenta años que vemos a Yayoi Kusama con su inconfundible bob, un corte geométrico, recto y de un rojo intenso que se ha convertido en una parte inseparable de su imagen. Pero lo más curioso es que no es su pelo: es una peluca. Y su función va mucho más allá de la estética.
Buena parte de la obra de la artista japonesa se construye a partir de la repetición: puntos, redes y patrones que se multiplican hasta que las formas que cubren parecen desaparecer.
Ella misma también ha formado parte de este juego visual. Vestida con sus estampados y con su característica peluca roja, Kusama se integra en sus propias instalaciones hasta convertirse casi en un elemento más de la obra. Su imagen, como sus famosos puntos, se repite una y otra vez hasta formar parte de su universo artístico.
Se trata de una demostración fascinante de cómo el cabello puede ir mucho más allá de un look y convertirse en identidad, lenguaje y arte.
Nos encanta descubrir artistas que nos recuerdan que las posibilidades de nuestro oficio son infinitas.
