Los colores que más éxito tendrán esta temporada tienen un denominador común: quedan bien el primer día y siguen quedando bien dos meses después, porque no necesitan mucho mantenimiento y apuestan por la naturalidad.
El rubio cashmere es el más buscado del momento: cremoso, suave y sin tonos metalizados. El scandi blonde lleva la claridad mucho más lejos, hasta un tono casi blanco, ese que solo suele verse en niños muy rubios. Se trabaja desde la raíz para conseguir un color vivo y luminoso.
Para quienes prefieren los tonos oscuros, el rich brunette está marcando tendencia: es un castaño profundo y brillante, con matices que le aportan movimiento sin necesidad de reflejos. Y el spicy ginger, el cobrizo de esta temporada, ya no es un naranja saturado: es un dorado canela, especiado. Es el tono pelirrojo ideal para quienes antes tenían miedo de atreverse con él.
En cambio, quedan atrás el cherry y los rubios ceniza. El cherry, por su saturación excesiva; y el rubio ceniza, por ser demasiado frío cuando el verano pide calidez.
